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Claves para lidiar el estrés en las mujeres

La mujer de hoy habita un mundo contradictorio, condicionado por la falta de tiempo libre y los estereotipos, donde su ingreso al mundo laboral le ha dado independencia económica y realización profesional a la vez que supone una fuente inagotable de estrés. 

Con motivo Del Día de la Mujer Trabajadora, Freedom & Flow Company, expertos en gestión y medición científica del estrés, analizan la situación actual de las mujeres en 10 puntos clave.

1. Horas de estrés diario

Según una base de datos de más de 750 personas, las mujeres de entre 30 y 45 años pasan una media de 11,8 horas al día estresadas de las 16 horas que están despiertas.

2. Tiempo de recuperación 

El tiempo que el organismo de la mujer con alta carga laboral se recupera de forma eficiente del estrés es de media un 19% del total de horas del día (4,5 horas de recuperación), incluyendo las horas de sueño.

3. Sobreactivación del sistema nervioso simpático

En base a los datos extraídos, el sistema nervioso de la mujer que dedica más de 12 horas a actividades que le generen estrés está sometido a una continúa sobreactivación del sistema nervioso simpático, encargado de elevar la frecuencia cardíaca, la tensión arterial, la respiración, etc. lo que provoca que su antónimo, el sistema parasimpático no pueda actuar de forma eficiente, equilibrando las reacciones al estrés con periodos de recuperación, ni durante el día, ni durante las horas de sueño.

4. El mito del multitasquing

La capacidad de la mujer de desarrollar muchas tareas de forma simultánea ha sido hasta cierto punto sobrevalorada por la sociedad actual, ocasionando en muchos casos una distribución injusta de las cargas laborales y familiares.

5. Un impulso para la conciliación

Se ha demostrado que la mujer (sujeta a la mayor parte de las responsabilidades familiares) se estresa significativamente en el trabajo a partir de las 19h de la tarde, no así el hombre. En este sentido, impulsar la conciliación podría mejorar los niveles de estrés en la mujer.

6. Envejecimiento celular

Es una de las principales consecuencias físicas de mantener en el tiempo niveles de estrés elevado. Mejorar la calidad de recuperación, el tiempo y las estrategias que se dedican a la recuperación de un día “estresado” generaría un efecto “antiaging” que no solo impactaría en la estética corporal, también favorecerían la protección ante enfermedades derivadas del estrés, tales como los cuadros puntuales o continuados de ansiedad, urticaria, problemas en la piel o depresión, entre otros.

7. Cambios fisiológicos

En relación con las hormonas y los cambios fisiológicos, sucede que el cerebro femenino es más sensible a la corticotropina, una hormona producida en los momentos de ansiedad. Al mantener constantemente niveles elevados de hormonas de estrés pueden aparecer dolores de cabeza, contracturas, problemas intestinales o cardiacos.

8. Ejercicio físico

El ejercicio físico de alta intensidad no es el más adecuado para mujeres que estén sometidas de forma continuada a altas cargas de estrés, las opciones más recomendables son sustituir la carrera o las clases de spinning/crossfit de alta intensidad, por un paseo al aire libre a un ritmo de paso elevado y combinarlo con un entrenamiento de fuerza, pero sin alcanzar picos de frecuencia cardiaca muy elevados.

9. Prevención de patologías

El entrenamiento de fuerza prescrito por un profesional es el más recomendable para las mujeres que suelen tener altos niveles de estrés, ya que pierden masa muscular y densidad mineral ósea. Mantener la masa muscular y la producción de fuerza, ayuda significativamente en la mujer que sufre estrés a prevenir patologías como la osteoporosis o la diabetes tipo II, entre otras.

10. Alimentos ricos en fibra y proteína

Javier García, experto en Nutrición, de Freedom & Flow recomienda que la alimentación en la mujer que padece estrés incorpore dos elementos básicos: saciedad y densidad. Saciedad a partir de alimentos ricos en fibra y proteína, y densidad de nutrientes que incluyan antioxidantes, vitaminas, proteína de alto valor biológico y grasas de calidad, ya sean saturadas o insaturadas.

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