Inicio Management ¡ESPECIAL!: El creador del imperio del CrossFit

¡ESPECIAL!: El creador del imperio del CrossFit

Todo lo que tiene que ver con CrossFit, según calcula Forbes, alcanza un valor económico de 4.000 millones de dólares. Un negocio que da nombre a la modalidad deportiva que ha cambiado la forma de entender el entrenamiento, con sede apenas a media hora de Silicon Valley (California, EEUU), el hogar de las grandes empresas tecnológicas.

El responsable de este innovador desafío es Greg Glassman, un preparador físico de 61 años que patentó el sistema de entrenamiento de moda. Él desarrolló su método durante los años 80 y 90, trabajando en gimnasios y entrenado, por ejemplo, al cuerpo de policía de Santa Cruz, en California. Allí fundó, en el año 2000, el primer box de CrossFit, marca que también registró y de la que hoy es su consejero delegado.

Glassman, que se define a sí mismo como el el cuidador de una de las grandes maravillas del mundo, es el único dueño de la empresa, después de comprar, en 2012, la mitad del negocio a su exmujer por 16 millones de dólares. Pero su objetivo, dice, no es hacerse millonario, sino poner al mundo en forma. Transmitiendo sus valores como marca basados en la honestidad, el compromiso, la innovación, el respeto y el compañerismo.

Una visión que sigue el camino del éxito. Después de 18 años de aquella primera apertura, CrossFit ya supera las 13.000 instalaciones en todo el mundo, con un auténtico boom en la última década (pasó de los 18 boxes, en 2005, a los 4.500 en en 2012, llegando a los 13 mil en 2017). Con este crecimiento imparable ha logrado tejer una red de instalaciones en más de 144 países, entre ellos España (368 boxes oficiales).

El desafío que forjó toda una comunidad

En general, el objetivo de CrossFit es forjar una forma física amplia, general e inclusiva respaldada por resultados mensurables, observables y repetibles. El programa prepara a los aprendices para cualquier contingencia física, no solo por lo desconocido sino también por lo incognoscible.

“Diversas estimaciones calculan una facturación anual que ya rebasa los 100 millones de dólares.”

Mientras CrossFit desafía a los más aptos del mundo, el programa está diseñado para una escalabilidad universal, por lo que es la aplicación perfecta para cualquier persona comprometida, independientemente de la experiencia. “Escalamos carga e intensidad; no cambiamos el programa. Las necesidades de los atletas olímpicos y nuestros abuelos difieren por grado, no por amabilidad”, como ellos mismos afirman.

El negocio detrás de la revolución

Cada centro que quiera impartir este deporte de forma oficial debe pagar una cuota anual de 3.000 dólares. No reciben equipamiento. Solo pasan a formar parte de la comunidad CrossFit, donde los centros de todo el mundo comparten métodos y dudas. También ha creado un sistema de licencias para entrenadores, de cuatro niveles. El primero, con un coste de 1.000 dólares, es imprescindible para poder abrir un gimnasio asociado. Además, hay una veintena de cursos y seminarios con precios alrededor de los 400 dólares.

Tanto las cuotas de afiliación (más de 115.000 coaches en todo el mundo) como todo el sistema formativo creado alrededor de la marca suponen su gran fuente de ingresos. Diversas estimaciones calculan una facturación anual que ya rebasa los 100 millones de dólares. Ahí se incluye el acuerdo con Reebok, que desde 2010 es la marca deportiva que vende todo el equipamiento oficial. Además, pone nombre a los Reebok CrossFit Games, la cita anual que corona a los mejores crossfitters del mundo, a los que premia con 275.000 dólares, televisados por la principal cadena deportiva de EE.UU., la ESPN.

Según Glassman, si se le puede atribuir algún mérito al rápido crecimiento del imperio CrossFit, dice, es que ha evitado en gran medida cometer errores por avaricia. Como ha asegurado en numerosas entrevistas: “He tenido un éxito increíble como emprendedor mostrando moderación frente a las oportunidades que aparecen en torno a este movimiento”. De hecho, el CEO afirma haber desestimado poner su nombre a productos de consumo relacionados, incluso cuando el producto podría ser atractivo para los atletas de CrossFit.

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