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“Soy un privilegiado. Estoy en una profesión donde la gente te agradece tu trabajo”

25 años de experiencia avalan a este profesional vinculado al ámbito de la salud. Una experiencia que ha llevado Ramon Arus, entrenador personal, a ganarse un respeto entre sus clientes, algunos de ellos fieles, durante toda su carrera, a su forma de trabajar.

Ramon Arus, entrenador personal.

Ramon Arus siempre ha estado relacionado con el deporte. Jugaba a básquet e hizo de entrenador durante algunos años. Mientras estudiaba, ya estaba trabajando en un centro deportivo. Es licenciado en educación física. Se inició como profesional en el gimnasio Fadó de su pueblo, Ripollet, siguiendo el concepto de la gimnasia sueca (la de las espalderas, en aquella época no había máquinas). Actualmente, entrenador personal en Club Esportiu Bonasport y en Nuum, el exclusivo centro de entrenamiento personal de Barcelona.

body LIFE: ¿Cómo se trabajaba antes en los gimnasios?

Ramon Arus: Trabajábamos mucho las clases de psicomotricidad, gimnasia deportiva y alguna que otra clase de gimnasia de mantenimiento para adultos. También me acuerdo de los gimnasios dedicados exclusivamente a la musculación, y como, poco a poco, se empezó a introducir el concepto del fitness en los centros deportivos.

b.L.: ¿Y qué sucedió con la llegada del fitness?

R.A.: El Bonasport fue un centro innovador, sus responsables tenían una idea muy novedosa de entender el fitness e incluso fuero pioneros en su implementación, buscando un concepto más relacionado con la salud. Gracias a ello, empezamos a trabajar la fuerza y la musculación, lo que supuso una apertura del fitness a muchos más tipos de usuarios.

b.L.: ¿Una apertura?

R.A.: Sí, por que he tenido siempre la sensación de que a mucha gente le echa para atrás entrar a una sala de máquinas. Tantos hierros, tantos máquinas… Además, siempre ha habido un desconocimiento de los beneficios para la salud que puede aportar este tipo de ejercicio.

b.L.: ¿Y cómo se rompió esta barrera?

R.A.: La labor más importante de los profesionales del deporte como yo fue la de ganarnos a la gente. Entendí que cuando alguien entraba a la sala de fitness se le tenía que atender bien, para que se llevara una buena sensación, para que perdiera aquel miedo, aquella vergüenza…, y quisiera volver. Era imprescindible estar por ellos.

b.L.: ¿Cómo se introdujo el entrenamiento personal en nuestro país?

R.A.: Los que empezaron con este concepto fueron los deportistas de élite. Yo por ejemplo, me inicié con este tipo de clientes. Era gente que buscaba un resultado y que por su profesión daban mucha importancia a la preparación física.

b.L.: ¿En este camino os encontrasteis con alguna dificultad?

R.A.: Nos costó ganarnos la confianza de los médicos. Eran reacios. Con el paso del tiempo y también de nuestra preparación como profesionales en el campo de la salud, esta confianza cambió. Ahora nos derivan a sus pacientes para que les ayudemos a recuperarse de sus lesiones, para su prevención…

b.L.: ¿Qué les hizo cambiar de opinión?

R.A.: Yo creo que su visión cambió a raíz de nuestra formación como profesionales y de nuestras ganas por ayudar. Aunque se ha ido viendo que el café para todos no vale. Que debemos conocer a la persona a la que le proporcionamos nuestros servicios.

b.L.: ¿Qué has aprendido de esta profesión?

R.A.: Qué el ejercicio físico puede ayudar a todo el mundo y que depende mucho del estado emocional de la persona en cuestión. Las emociones forman parte del ser humano y no pueden desvincularse de él. Me di más cuenta de ello cuando trabajé para la Fundació La Caixa en un proyecto con familiares y cuidadores de enfermos de Alzheimer. Mi idea era enseñarles a aquellas personas ejercicios que pudieran trabajar en sus propias casas. Pero lo que planteé en un inicio no funcionó. Aquellos ejercicios suaves no eran lo suficientemente sencillos para ellos. Su musculatura no respondía.

b.L.: ¿Por qué no respondía?

R.A.: Ciertas emociones pueden llegar a bloquear la musculatura del cuerpo, a inhibirla, y aunque quieras trabajar con ese músculo si éste no tiene una buena conexión con el sistema nervioso no responderá a la acción. A partir de ese día tengo muy en cuenta la parte emocional en todas mis sesiones.

b.L.: ¿Cómo trabajas este aspecto?

R.A.: A veces en la práctica del ejercicio se apodera de las personas el miedo, la vergüenza…, y como profesional tienes que conseguir que eso no suceda. Que esa persona coja confianza en sí misma, que esté tranquila, que no se ponga nerviosa. Debes entender que no todo el mundo afronta el ejercicio de la misma manera.

b.L.: ¿Qué ha cambiado desde tus inicios?

R.A.: El ejercicio se ha convertido en un producto. Aún así, no he entendido que exista un cambio de concepto. Los músculos siempre han sido los mismos, y ahora en principio nuestra tarea es la misma. Ayudar a las personas a mejorar su forma física, su rendimiento. La esencia es trabajar bien y que el cliente se sienta a gusto. Esto no ha cambiado. Lo que me llama la atención son esos centros en los que no hay ningún entrenador.

b.L.: ¿Por qué?

R.A.: Me cuesta entender este concepto y aceptarlo también. Considero que el entrenador ejerce un papel muy importante. Trabajamos con personas. Si solo tuviéramos que tratar con un músculo sería muy simple, pero la cuestión va más allá. Debe existir un aprendizaje motor de cómo el cliente debe realizar sus ejercicios y por eso considero que la tarea del entrenador es esencial.

b.L.: ¿El cliente de hoy sabe más que ayer?

R.A.: Aún existe bastante desconocimiento de cómo entrenar bien. La gente, en el ejercicio, utiliza muy poco el sentido común. Reconoce algunos conceptos, pero otra cosa muy distinta es hacerlo bien. Incluso visualmente puede parecerlo, pero en cambio que no se trabaja el músculo en cuestión.

b.L.: ¿Y cómo se llega a entrenar a un cliente durante más de 25 años?

R.A.: La clave está en el principio y en intentar darle siempre el mismo servicio y atención. Es como cuando alguien entra por primera vez a la sala de fitness en la que trabajo, yo me digo: “debes tratar bien a esta persona para que se sienta bien y el día siguiente quiera volver”. Pero sobre todo ellos deben ver resultados y confiar en ti, en tus conocimientos y en cómo les respondes.

b.L.: ¿Ha habido una evolución?

R.A.: Sí, la formación ha cambiado. Mi generación ha ido aprendiendo sobre la marcha. Ahora todo va muy rápido, se abren muchos gimnasios,y se forman profesionales en un fin de semana. Se dan pautas muy cerradas de cómo dirigir una clase, fórmulas muy rápidas. Creo que ésta no es la mejor línea para acabar siendo un buen profesional.

b.L.: ¿Cuál debe ser?

R.A.: Yo he aprendido mucho de escuchar al cliente, de aceptar que hay muchas cosas que uno no sabe. Las ganas de seguir creciendo son esenciales.

b.L.: ¿Qué valores debe tener un buen profesional?

R.A.: Primero, conocimiento técnico del ejercicio y de cómo trabajarlo. Después, debes saber hacer llegar tu mensaje al cliente, saber enfocarlo para hacérselo entender. Para ello es necesario un buen carácter y ponerle ganas, pero sobre todo, debe ser vocacional. Conseguir que la gente practique ejercicio de forma habitual es bastante difícil.

b.L.: ¿En tu caso fue vocacional?

R.A.: Siempre me gustó. Empecé con la gimnasia correctiva desde muy pequeño porque tenía un problema de espalda. Iba a tratarme con la que después acabó siendo mi primera jefa. A medida que he ido creciendo como profesional me he dado cuenta que lo que hago me apasiona. Me gusta la parte más relacionada con la enseñanza y la transmisión de conocimientos con el cliente.

b.L.: ¿Qué es lo que más valoras de tu profesión?

R.A.: Siempre me he sentido un privilegiado. Estoy en una profesión donde la gente te agradece tu trabajo, te felicita, está contenta y esto lo recibes cada día. Mientras que en la mayoría de trabajos esta situación no se da. En general siempre me he sentido valorado por la gente tanto personal como profesionalmente.

b.L.: ¿Qué relación tienes con tus clientes?

R.A.: Evidentemente, te sabe mal si alguien no avanza o por ejemplo, si alguien no supera una determinada enfermedad. Pero debes saber estar en tu sitio como profesional. No puedes sobrepasar los límites. Ni es bueno para el cliente ni para ti.

 

 

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